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Los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018 es mucho más que una competencia deportiva: nos brinda una oportunidad para lograr una Ciudad más inclusiva, integrada y sustentable. Te invito a leer la columa que escribí para el portal Infobae.

Cuando de Juegos Olímpicos se trata, además de los récords y los resultados deportivos, solemos hablar de los valores que estos promulgan y difunden. Respeto, amistad y excelencia son los pilares de este gran evento deportivo de la humanidad. Pero a 100 días de que comiencen los Juegos de la Juventud Buenos Aires 2018, debemos sumar uno más: el del desarrollo.

No es un secreto que otras ciudades del mundo que han sido sede de los Juegos como Londres, Río, Atenas o Montreal han tenido que lidiar con indeseables consecuencias, como las inversiones por encima de lo recuperado e infraestructura innecesaria o rápidamente obsoleta.

Por eso fue que, a la hora de postular a Buenos Aires como anfitriona, decidimos dar vuelta esa historia bajo un precepto claro y firme: los Juegos serían una gran herramienta en el camino de desarrollo y transformación de la Ciudad y no un objetivo a alcanzar en sí mismo. El foco se puso en la Ciudad y en su gente en el contexto de los Juegos, y no solo en el evento deportivo.

De ahí que no se pensó en dónde alojar a las más de siete mil personas entre atletas y comitivas, sino en qué zona de la ciudad había necesidad de nuevas viviendas. Y la respuesta hoy se traduce en obras: los más de mil departamentos que se levantan en los cruces de las avenidas Escalada y Roca, en el barrio de Villa Soldati, después de recibir a los atletas se convertirán en un nuevo barrio. Así, los vecinos de la comuna 8 van a poder acceder a ellos y dejar de soñar con la casa propia para convertirla en realidad con la ayuda de los créditos otorgados por el Banco Ciudad.

La siguiente pregunta no fue dónde entrenarían los más de tres mil atletas de 14 a 18 años que participarán en esos días sino dónde necesitamos llevar inversión de calidad para generar fuentes de trabajo y tentar al inversor privado. Así es como nació el Parque Olímpico, 32 hectáreas vecinas al Parque de la Ciudad y donde se despliegan los más altos estándares en arquitectura deportiva mundial. Integrado por seis pabellones multidisciplinarios para acoger a cuatro mil espectadores en total, dos piscinas olímpicas, dos pistas de atletismo, canchas de hockey, handball y vóley de playa y básquet, vestuarios e instalaciones de primer nivel; estará disponible como un gran centro de entrenamiento olímpico para todos los atletas del país.

De esta forma, cada obra utilizada en el marco de Buenos Aires 2018 se pensó en un contexto mayor que es el plan de desarrollo del sur de la ciudad, una de las zonas más postergadas históricamente y a la que más inversión pública estamos destinando. Desde el nuevo Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat, ubicado en el antiguo predio del Elefante Blanco, con una inversión de 500 millones de pesos; pasando por el puente Lacarra, una nueva vía de conexión con el sur del Gran Buenos Aires; las obras hidráulicas en los arroyos Cildañez y Larrazábal-Escalada, para aliviar el efecto de las inundaciones; el Centro de Desarrollo Infantil Rayito de Sol, para brindar educación de calidad a 200 chicos del Barrio 20; el reacondicionamiento del estadio Mary Terán de Weiss, que permitirá hacer eventos cerrados o al aire libre para 15 mil espectadores; el Centro de Transferencia de Cargas o el Hospital Cecilia Grierson. Todas las intervenciones tienen como fin mejorar la calidad de vida de los vecinos del área y enriquecer la infraestructura de la Ciudad.

Lejos quedan entonces los fantasmas de los estadios obsoletos o las instalaciones abandonadas que pudieron haber empañado el día después de las Olimpíadas en otras sedes. El legado olímpico en Buenos Aires ya se vive en la sonrisa de los vecinos que ven sus comercios reactivarse por el nuevo movimiento en los barrios, en la fuerza de los cientos de puestos de trabajo que crean las obras en marcha, en la ilusión de los que esperan su mudanza a un nuevo departamento del futuro Barrio Olímpico, en la tranquilidad del que puede planificar porque sabe que hay oportunidades que lo esperan cerca de casa.

Como el respeto, la amistad y la excelencia serán el combustible que impulse a los chicos y chicas para llegar a la meta durante estos Juegos Olímpicos de la Juventud, el desarrollo será el impulsor de Buenos Aires para llegar al próximo siglo con el mejor legado: una ciudad inclusiva, integrada y sustentable que les brinde oportunidades a todos aquellos que quieran vivirla y disfrutarla.